Iglesias: «El PP está molesto porque subimos los impuestos a sus amigos»

El líder de IU arguye que el recorte de sueldos a los funcionarios es obligado

Oviedo, P. G.

IU se defendió ayer de los ataques recibidos desde el PP y desde los sindicatos de funcionarios tras pactar la subida de impuestos con el PSOE a cambio de no oponerse al recorte de los sueldos de los trabajadores públicos. Por un lado, Jesús Iglesias, coordinador general de IU, aseguró que las declaraciones de Ovidio Sánchez, presidente del PP, diciendo que el único objetivo de la coalición «es seguir en el Gobierno», se deben a que «está molesto porque subimos los impuestos a sus amigos».

En cuanto a las críticas de las centrales sindicales ante el anuncio de IU de que se abstendrá en el Pleno en el que se votará el recorte de sueldo de los funcionarios públicos -algunos sindicatos acusan a la coalición de haber utilizado a los funcionarios como moneda de cambio para que el recorte presupuestario afecte menos a sus consejerías- Iglesias fue claro. «El recorte de los sueldos es una medida de Zapatero. Si IU tuviese 40 diputados en el Congreso, no se habría aprobado. Pero es de obligado cumplimiento para todo el país. Si el voto de IU en la Junta pudiera evitar el recorte, votaríamos en contra sin dudarlo, pero no es así». Iglesias resaltó que la falta de acuerdo de los sindicatos en la mesa general obligará a hacer un recorte lineal en las nóminas del personal no laboral. «La paradoja es que un funcionario mileurista cobrará 20 euros menos, pero si es laboral cobrará 50 euros menos. Lamentablemente eso tampoco se puede evitar en la ley ya que depende de un acuerdo con los sindicatos», apuntó. Iglesias defendió el pacto fiscal porque «confirma que apostamos por la dirección contraria a la de Zapatero, que no toca los impuestos, y carga la crisis sobre pensionistas y trabajadores».

 

 

Politica

Los sindicatos piden a Areces que ahorre en «gastos superfluos» en vez de bajar sueldos

 De izquierda a derecha, en primera fila, José Manuel Martín y Fidel González (Simpa), Margot Marqués (Satse), María José Fernández (Auxiliares de Enfermería), Marco García (CSI), Beatriz Quirós (Suatea), Gumersindo Rodríguez (ANPE), Jesús Villa (Sipla), Gilberto García (CC OO), y Mar Celemín (UGT). Detrás, en la parte derecha, José Manuel Martínez (USO) y Paco Menéndez (SICEPA / USIPA).

Dicen al Gobierno que «se le tenía que caer la cara de vergüenza» con sobrecostes como los del HUCA o El Musel
24.06.10 - 02:28 -
Se puede decir más alto, pero no más claro. Trece sindicatos asturianos acudieron ayer a la Junta General para escenificar su «frontal» rechazo a la decisión de los gobiernos socialistas de recortar el sueldo a los empleados públicos. Las centrales convocadas, sin excepción, atacaron sin piedad a la Administración, a la que acusaron de «tomar el camino más fácil» y perjudicar a los trabajadores, en lugar de eliminar «muchos gastos superfluos» que, en su opinión, «son el verdadero origen del problema», e impiden un ahorro muy superior al que se va a obtener con el tijeretazo en las nóminas de los funcionarios. En relación con este punto, no fueron uno ni dos los sindicatos que aludieron directamente a los sobrecostes que acumulan determinadas obras que, sin embargo, «no hacen que se le caiga la cara de vergüenza a nadie».

La secretaria de Acción Sindical de UGT, Mar Celemín, fue la encargada de abrir las intervenciones de los trece sindicatos convocados. Cada uno de ellos dispuso de cinco minutos para exponer su punto de vista sobre el proyecto de ley para la contención del déficit presentado por el Gobierno regional. Los discursos fueron cortados por el mismo patrón. Todos mostraron su rechazo frontal a unas medidas que calificaron de «cobardes», «injustas» y en muchos casos «discriminatorias». «Han tomado el camino más fácil», reprochó Gilberto García, representante de CC OO. Él, como muchos de sus compañeros, advirtió de que los recortes tendrán un efecto negativo en la economía, puesto que perjudicarán el consumo al bajar el poder adquisitivo de trabajadores que, en muchos casos, «son mileuristas», tal y como subrayaron la mayor parte de los intervinientes ante la Comisión de Economía del Parlamento asturiano.

No es el caso de la mayoría de los médicos que, no obstante, se sienten igualmente perjudicados con una iniciativa, en su opinión, mal desarrollada en comparación con otras comunidades que también han aplicado el 'decretazo' de Zapatero. José Manuel Martín y Fidel González, que intervinieron en nombre del Simpa, acusaron a las autoridades de hablar «sin tener ni idea».

Igual de contundente se expresó Margot Marqués, del Sindicato de Enfermería (Satse), que advierte de que algunos profesionales de su sector verán rebajado su sueldo hasta un 11%. «Los profesionales sanitarios están mal pagados y la enfermería aún más», dijo, antes de pedir al Gobierno una mejor gestión de los recursos. No fue la única. El Sindicato de Auxiliares de Enfermería, representado por María José Fernández, aseguró que hay «mucho donde recortar». En concreto, al igual que hicieron otros intervinientes, puso el acento en el Instituto Adolfo Posada y la TPA. Desde su punto de vista, el servicio cada vez es peor y eso «no preocupa al Gobierno del Principado».

Sin duda uno de los más críticos en su intervención fue Francisco Menéndez, de Usipa. Quiso dejar claro que los funcionarios «no son los culpables del desaguisado» que han provocado los gobernantes, e hizo mención a los sobrecostes «que se pueden ver en muchas obras de esta región». Precisamente a las autoridades señaló el representante de ANPE como los culpables de que se haya «demonizado» la imagen de los funcionarios en España.

Los sindicatos, que acusaron al Gobierno central de «romper» los acuerdos firmados, creen que los políticos «nunca han valorado ni han defendido el trabajo de los empleados públicos». Esta reflexión fue de Juan Gavira, de CSI-CSIF, que pidió a IU que se pronunciara con claridad rechazando el proyecto de ley antes de advertirla de los riesgos electorales que tendría el apoyo a la propuesta socialista.

Beatriz Quirós, del Suatea, calificó de «ilegal» la medida y expresó su confianza en que «no siga adelante», antes de pedir que las competencias sobre el profesorado recaigan en Educación y no en Administraciones Públicas. Otra de las voces más beligerantes contra el Gobierno fue la de Marco García. El portavoz de CSI lamentó la «prepotencia» del PSOE y la «brutalidad» de una medida «cobarde». Aseguró que la palabra de los gobernantes asturianos «no tiene ningún valor» y propuso a Migoya que dimita. «Hipotecan nuestro futuro como ciudadanos», aseveró. José Manuel Martínez, de USO, no bajó el tono y trasladó sus propias propuestas para ahorrar, como reducir el número de asesores o disminuir los altos cargos. El último en intervenir fue Jesús Villa, secretario general del Sipla, que recordó que ésta «es la primera vez que se recorta el salario a los trabajadores». Los grupos parlamentarios agradecieron la intervención de los sindicatos, con especial mención a los populares, que han utilizado en su labor de oposición muchos de los argumentos usados ayer en la comisión. Esta seguirá hoy, con la presencia de los consejeros Ramón Quirós, Iglesias Riopedre y Jaime Rabanal.

Caperucita y el lobo machista

Perez Reverte

Hoy me he levantado con talante. Como después de haber publicado El pequeño hoplita -un cuento sobre un niño en las Termópilas, que tanto debe a su magnífico ilustrador, Fernando Vicente- le tomé el gusto a la narrativa infantil, he decidido echar un cable. Ayudar a que nuestra ministra de Igualdad y Paridad, Bibiana Aído, rubia joya de la corona, haga realidad su bonito proyecto de conseguir que los cuentos tradicionales para pequeños cabroncetes sean desterrados de escuelas y hogares, y dejen de ser un reducto machista, sexista y antifeminista. O que, expurgados y reconvertidos a lo social y políticamente correcto, contribuyan, ellos también, a la formación de futuras generaciones de ciudadanos y ciudadanas ejemplares y ejemplaras. Como está mandado.

Al principio pensaba hacerlo con el cuento de Blancanieves y las siete personas de crecimiento inadecuado; que, como sostiene Bibiana, requiere, título aparte, una remodelación general urgente. Pero ciertos indicios de intolerable violencia machista en la casita del bosque, como que sea una mujer quien cargue con todas las labores del hogar, o que no haya paridad de sexos en el número de individuos que trabajan en la mina -su número impar complica además el asunto-, me decidieron a dejarlo para más adelante. Lo intenté luego con La soldadita de plomo y ploma; y no es por echarme flores, pero lo tenía casi resuelto. Una soldadita de plomo de la ULFF -Unidad Legionaria Femenina Feroz-, terror de los talibanes afganos y de los piratas del Índico, impedida en su extremidad locomotriz por haber caído poco metal en el molde cuando la fundían. O sea, incompleta física de una pierna, para entendernos. O no. Lo que antes se decía, en jerga fascista, coja. Y que, desde su repisa en el cuarto de juegos de una niña, se enamora de un bailarín de ballet de papel maché que está enfrente, puesto tal que así, de puntillas, y que tiene una bonita lentejuela de plata en el prepucio. Se lo leí a mi hija por teléfono, a ver qué tal iba la cosa; pero al llegar a lo de la lentejuela me aconsejó dejarlo. Te van a malinterpretar, dijo. Así que al final me decidí por un clásico inobjetable: Caperucita Roja. Y está feo que lo diga, pero la verdad es que lo he bordado. Creo.

Caperucita Roja camina por el bosque, como suele. Va muy contenta, dando saltitos con su cesta al brazo, porque, gracias a que está en paro y es mujer, emigrante rumana sin papeles, magrebí pero tirando a afroamericana de color, musulmana con hiyab, lesbiana y madre soltera, acaban de concederle plaza en un colegio a su hijo. Va a casa de su abuelita, que vive sola desde que su marido, el abuelito, le dio una colleja a Caperucita porque no se bebía el colacao, ésta lo denunció por maltrato infantil, y la Guardia Civil se llevó al viejo al penal de El Puerto de Santa María, donde en espera de juicio paga su culpa sodomizado en las duchas, un día sí y otro no, por robustos albanokosovares. Que también tienen sus necesidades y sus derechos, córcholis. El caso es que Caperucita va por el bosque, como digo, y en éstas aparece el lobo: hirsuto, sobrado, chulo, con una sonrisa machista que le descubre los colmillos superiores. Facha que te rilas: peinado hacia atrás con fijador reluciente y una pegatina de la bandera franquista, la de la gallina, en la correa del reloj. Y le pregunta: «¿Dónde vas, Caperucita?». A lo que ella responde, muy desenvuelta: «Donde me sale del mapa del clítoris», y sigue su camino, impasible. «Vaya corte», comenta el lobo, boquiabierto. Luego decide vengarse y corre a la casa de la abuelita, donde ejerce sobre la anciana una intolerable violencia doméstica de género y génera. O sea, que se la zampa, o deglute. Y encima se fuma un pitillo. El fascista. Cuando llega Caperucita se lo encuentra metido en la cama, con la cofia puesta. «Que sistema dental tan desproporcionado tienes, yaya», le dice. «Qué apéndice nasal tan fuera de lo común.» Etcétera. Entonces el lobo le da las suyas y las de un bombero: la deglute también, y se echa a dormir la siesta. Llegan en ésas un cazador y una cazadora, y cuando el cazador va a pegarle al lobo un plomazo de postas del doce, la cazadora contiene a su compañero. «No irás a ejercer la violencia -dice- contra un animal de la biosfera azul. Y además, con plomo contaminante y antiecológico. Es mejor afearle su conducta.» Se la afean, incluido lo de fumar. Malandrín, etcétera. Entonces el lobo, conmovido, ve la luz, se abre la cremallera que, como es sabido, todos los lobos llevan en la tripa, y libera a Caperucita y a su provecta. Todos ríen y se abrazan, felices. Incluido el lobo, que deja el tabaco, se hace antitaurino y funda la oenegé Lobos y Lobas sin Fronteras, subvencionada por el Instituto de la Mujer. Fin.

«¿Qué voy a hacer ahora?»

El segundo gintonic, Pencho se vuelve hacia mí. Hace quince minutos que aguardo, paciente, esperando que se decida a contármelo. Por fin hace sonar el hielo en el vaso, me mira un instante a los ojos y aparta la mirada, avergonzado. «Hoy he cerrado la empresa», dice al fin. Después se calla un instante, bebe un trago largo y sonríe a medias con una amargura que no le había visto nunca. «Acabo de echar a la calle a cinco personas.»

Puede ahorrarme los antecedentes. Nos conocemos hace mucho tiempo y estoy al corriente de su historia, parecida a tantas: empresa activa y rentable, asfixiada en los últimos años por la crisis internacional, el desconcierto económico español, el cinismo y la incompetencia de un Gobierno sin rumbo ni pudor, el pesebrismo de unos sindicatos sobornados, la parálisis intelectual de una oposición corrupta y torpe, la desvergüenza de una clase política insolidaria e insaciable. Pencho ha estado peleando hasta el final, pero está solo. Por todas partes le deben dinero. Dicen: «No te voy a pagar, no puedo, lo siento», y punto. Nada que hacer. Los bancos no sueltan ni un euro más. Las deudas se lo comen vivo; y él también, como consecuencia, debe a todo el mundo. «Debo hasta callarme», ironiza. Todo al carajo. Lleva un año pagando a los empleados con sus ahorros personales. No puede más.

Cinco tragos después, con el tercer gintonic en las manos, Pencho reúne arrestos para referirme la escena. «Fueron entrando uno por uno -cuenta-. La secretaria, el contable y los otros. Y yo allí, sentado detrás de la mesa, y mi abogado en el sofá, echando una mano cuando era necesario... Se me pegaba la camisa a la espalda contra el asiento, oye. Del sudor. De la vergüenza... Lo siento mucho, les iba diciendo, pero ya conoce usted la situación. Hasta aquí hemos llegado, y la empresa cierra.»

Lo peor, añade mi amigo, no fueron las lágrimas de la secretaria, ni el desconcierto del contable. Lo peor fue cuando llegó el turno de Pablo, encargado del almacén. Pablo -yo mismo lo conozco bien- es un gigantón de manos grandes y rostro honrado, que durante veintisiete años trabajó en la empresa de mi amigo con una dedicación y una constancia ejemplares. Pablo era el clásico hombre capaz y diligente que lo mismo cargaba cajas que hacía de chófer, se ocupaba de cambiar una bombilla fundida, atender el correo y el teléfono o ayudar a los compañeros. «Buena persona y leal como un doberman -confirma Pencho-. Y con esa misma lealtad me miraba a los ojos esta mañana, mientras yo le explicaba cómo están las cosas. Escuchó sin despegar los labios, asintiendo de vez en cuando. Como dándome la razón en todo. Sabiendo, como sabe, que se va al paro con cincuenta y siete años, y que a esa edad es muy probable que ya no vuelva a encontrar jamás un trabajo en esta mierda de país en el que vivimos... ¿Y sabes qué me dijo cuando acabé de leerle la sentencia? ¿Sabes su único comentario, mientras me miraba con esos ojos leales suyos?» Respondo que no. Que no lo sé, y que malditas las ganas que tengo de saberlo. Pero Pencho, al que de nuevo le tintinea el hielo del gintonic en los dientes, me agarra por la manga de la chaqueta, como si pretendiera evitar que me largue antes de haberlo escuchado todo. Así que lo miro a la cara, esperando. Resignado. Entonces mi amigo cierra un momento los ojos, como si de ese modo pudiera ver mejor el rostro de su empleado. Aunque, pienso luego, quizá lo que ocurre es que intenta borrar la imagen del rostro que tiene impresa en ellos. Cualquiera sabe.

«¿Y qué voy a hacer ahora, don Fulgencio?... Eso es exactamente lo que me dijo. Sin indignación, ni énfasis, ni reproche, ni nada. Me miró a los ojos con su cara de tipo honrado y me preguntó eso. Qué iba a hacer ahora. Como si lo meditara en voz alta, con buena voluntad. Como si de pronto se encontrara en un lugar extraño, que lo dejaba desvalido. Algo que nunca previó. Una situación para la que no estaba preparado, en la que durante estos veintisiete años no pensó nunca.»

«¿Y qué le respondiste?», pregunto. Pencho deja el vaso vacío sobre la mesa y se lo queda mirando, cabizbajo. «Me eché a llorar como un idiota -responde-. Por él, por mí, por esta trampa en la que nos ha metido esa estúpida pandilla de incompetentes y embusteros, con sus brotes verdes y sus recuperaciones inminentes que siempre están a punto de ocurrir y que nunca ocurren. ¿Y sabes lo peor?... Que el pobre tipo estaba allí, delante de mí, y aún decía: No se lo tome así, don Fulgencio, ya me las arreglaré. Y me consolaba.»

        UN FACHA DE SIETE AÑOS

 

Me interpela un lector algo -o muy- dolido porque de vez en cuando aludo a España como este país de mierda. El citado lector, que sin duda tiene un sentimiento patriótico susceptible y no mucha agudeza leyendo entre líneas, pero está en su derecho, considera que me paso varios pueblos y una gasolinera. Le extraña, por otra parte, y me lo comunica con acidez, que alguien que, como el arriba firmante, ha escrito algunas novelas con trasfondo histórico, y que además parece complacerse en recuperar episodios olvidados de nuestra Historia en esta misma página, sea tan brutal a la hora de referirse a la tierra y a los individuos que de una u otra forma, le gusten o no, son su patria y sus compatriotas.

La verdad es que podría, perfectamente, escaquearme diciendo que cada cual tiene perfecto derecho a hablar con dureza de aquello que ama, precisamente porque lo ama. Y que cuando abro un libro de Historia y observo ciertos atroces paralelismos con la España de hoy, o con la de siempre, y comprendo mejor lo que fuimos y lo que somos, me duelen las asaduras. Aunque, la verdad, ya ni siquiera duelen. Al menos no como antes, cuando creía que la estupidez, la incultura, la insolidaridad, la ancestral mala baba que nos gastamos aquí, tenían arreglo. La edad y las canas ponen las cosas en su sitio: ahora sé que esto no lo arregla nadie. España es uno de los países más afortunados del mundo, y al mismo tiempo el más estúpido. Aquí vivimos como en ningún otro lugar de Europa, y la prueba es que los guiris saben dónde calentarse los huesos. Lo tenemos todo, pero nos gusta reventarlo. Hablo de ustedes y de mí. Nuestra envilecida y analfabeta clase política, nuestros caciques territoriales, nuestros obispos siniestros, nuestra infame educación, nuestras ministras idiotas del miembro y de la miembra, son reflejo de la sociedad que los elige, los aplaude, los disfruta y los soporta. Y parece mentira. Con la de gente que hemos fusilado aquí a lo largo de nuestra historia, y siempre fue a la gente equivocada. A los infelices pillados en medio. Quizá porque quienes fusilan, da igual en qué bando estén, siempre son los mismos.

Pero me estoy metiendo en jardines complejos, oigan. El que quiera tener su opinión sobre todo eso, acertada o no, pero suya y no de otros, que lea y mire. Y si no, que se conforme con Operación Triunfo, con Corazón Rosa o con Operación Top Model, o como se llamen, y le vayan dando. Cada cual tiene lo que, en fin, etcétera. Ya saben. Por mi parte, como todavía me permiten y pagan este folio y medio de terapia personal cada semana -es higiénico poder morir matando-, me reafirmo un día más en lo de país de mierda. Y lo voy a justificar hoy, miren por donde, con una bonita anésdota anesdótica. Una de tantas.

Verán. Un niño de siete años, sobrino de un amigo mío, observando hace poco que varios de sus amigos llevaban camisetas de manga corta con banderas de varios países, la norteamericana y la de Brasil entre ellas -algo que por lo visto está de moda-, le pidió al tío de regalo una camiseta con la bandera española. «Van a flipar mis amigos, tito», dijo el infeliz del crío. Según cuenta mi amigo, el sobrinete bajó al parque como una flecha, orgulloso de su prenda, con la ilusión que en esas cosas sólo puede poner una criatura. A los diez minutos subió descompuesto, avergonzado, a cambiarse de ropa. El tío fue a verlo a su habitación, y allí estaba el chiquillo, al filo de las lágrimas y con la camiseta arrugada en un rincón. «Me han dicho que si soy facha o qué», fue el comentario.

Siete años, señoras y caballeros. La criatura. Y no en el País Vasconi en Cataluña, ni en Galicia. En la Manga del Mar Menor, provincia de Murcia. Casualmente, y sólo una semana después de que me contaran esa edificante historia infantil, otro amigo, Carlos, gerente de un importante club náutico de la zona, me confiaba que ya no encarga polos deportivos para sus regatistas con el tradicional filetillo de la bandera española en las mangas y en el cuello. «En las competiciones con clubs de otras autonomías -explicó- están mal vistos.»

Dirán algunos que, tal y como anda el asunto, podríamos mandar a tomar por saco ese viejo trapo y hacer uno distinto. Al fin y al cabo sólo existe desde hace dos siglos y medio. Podríamos encargarle una bandera nueva, más actual, a Mariscal, a Alberto Corazón, a Victorio o a Lucchino. O a todos juntos. Pero es que iba a dar igual. Tendríamos las mismas aunque pusiéramos una de color rosa con un mechero Bic, un arpa y la niña de los Simpson en el centro; y en las carreteras, el borreguito de Norit en vez del toro de Osborne. El problema no es la bandera, ni el toro sino la puta que nos parió. A todos nosotros. A los ciudadanos de este país de mierda.

Pinza sanitaria al Principado

Los interinos protestan por la equiparación en los baremos del personal de los centros concertados

LA NUEVA ESPAÑA 27/02/2010

Si se elaborara una relación de tareas que en Asturias resulta casi imposible llevar a buen puerto, entre ellas habría de ocupar un espacio destacado la contratación de personal sanitario.

En las últimas semanas, el Gobierno regional se ha visto reiteradamente reprobado por los jueces de lo contencioso-administrativo por no computar los méritos del personal de los centros concertados en una numerosa oferta de empleo público para médicos y en un concurso de traslados para todas las categorías. El asunto quedó esencialmente resuelto anteayer, con el compromiso del Servicio de Salud del Principado (Sespa) de contabilizar del mismo modo los servicios prestados en dichos centros y los desarrollados en los equipamientos del Sespa.

Pues bien, ayer, 24 horas más tarde, se celebraron en Oviedo dos actos reivindicativos cuya finalidad era manifestar una radical oposición precisamente a que los trabajos en esos centros concertados sean asimilados a los realizados por los eventuales e interinos del Sespa.

En el auditorio Príncipe Felipe, la Asociación de Eventuales e Interinos del Sespa (Asevinse) expresó su rechazo a los cambios realizados en el pacto de contrataciones. Estos trabajadores se consideran perjudicados a causa de la citada equiparación de puntuaciones. La consideran injusta, pues «los profesionales de la sanidad pública no tienen las mismas funciones ni el mismo acceso que los de la concertada o la privada».

Miguel Ángel Lobato, presidente de Asevinse, cifró en más de un millar la cifra de profesionales integrados en Asevinse, un colectivo creado el pasado mes de diciembre y que no incluye médicos. El miércoles de la próxima semana, a las doce del mediodía, escenificarán su malestar ante la sede del Sespa. No descartan emprender acciones legales.

Horas antes de la reunión en el Auditorio, se habían manifestado frente al Sespa varias decenas de trabajadores del Servicio de Salud que también protestaban por la igualación de los baremos. La movilización fue convocada por los sindicatos CEMSATSE, CC OO, USAE y SICEPA/USIPA, con la particularidad de que algunas de estas organizaciones han apoyado decididamente la integración en el Sespa del personal del
Hospital de Arriondas.

PERMITIDME TUTEAROS, IMBÉCILES

                                      Dedicado a nuestros "queridos politicos II"

Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros -aquí matizaré ministros y ministras- de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros -el tuteo es deliberado- a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.

Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana -que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural-, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña. Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico». O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.

Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente -recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española-. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos». Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p'alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.

Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.

Articulo de Arturo Perez Reverte, publicado en el XL Semanal.

 

NUESTROS "SINVERGUENZAS" REPRESENTANTES POLITICOS

Mientras que se pide a los trabajadores mas años de cotización, congelaciones salariales y esfuerzos, nuestros impresentables representantes politicos se dan la gran vida a costa de todos nosotros.

La primera gran diferencia entre una pensión pública y una pensión de un alto cargo, o mejor dicho entre un ciudadano y un alto cargo institucional, es que así como el ciudadano nunca podrá percibir dos salarios del erario público, el ministro, el senador, diputado, secretario, etc., podrán percibir dos y tres salarios del Erario Público.

Es más, todos los contribuyentes deben tributar por sus ingresos, pero un tercio del sueldo de los diputados o senadores no está sujeto a IRPF porque se considera como indemnización para gastos de su cargo.

Además, todos nosotros debemos cotizar durante 35 años para cobrar la totalidad de la base reguladora de la pensión a la que tengamos derecho, sin embargo a los miembros del Gobierno les basta con jurar el cargo y acumular siete años de ejercicio para poder obtener la pensión máxima de jubilación.

Y este gran privilegio lo tienen gracias a la llamada pensión parlamentaria, a quienes hayan sido miembros del Congreso de Diputados o del Senado durante al menos 7 años.

Indemnización por cese del parlamentario

Más gracioso todavía es el motivo que indican para justificar la indemnización por cese del parlamentario. Según la Exposición de Motivos del Reglamento de 11.06.2006, la dedicación a la actividad política parlamentaria obliga a dejar la ocupación habitual de modo que cuando se produce el cese, la vuelta a dicha ocupación suele acarrear diversas dificultades.

Además, también se establece la indemnización que permita hacer frente al período de transición que se da entre la disolución de las Cámaras y la constitución de las mismas tras las elecciones en el que no es evidente si se va a continuar en el desempeño del cargo.

La indemnización por cese parlamentario o ministerial  será el equivalente de una mensualidad de la asignación constitucional por cada año de mandato parlamentario en las Cortes Generales y hasta un límite de 24 mensualidades. Esta indemnización además se abonará mensualmente.

De manera que cuando el ministro cesa en su cargo, tendrá derecho a una indemnización del 80% de su salario hasta dos años como máximo y tal percibo de cantidades la podrá compaginar con la remuneración por diputado o senador y cuando cese en el cargo de diputado o senador también tendrá derecho a una indemnización por cese que será una mensualidad por año de cargo y además tendrá asegurada la base máxima de la pensión de jubilación si ha estado en el cargo parlamentario al menos siete años.

Asimismo, podrá compatibilizar este mismo Ministro su indemnización por cesantía en el Parlamento europeo como es el caso de muchos ministros que cobran pensiones como ex comisario europeo por ejemplo compatibilizando esa pensión con su remuneración como ministro del Gobierno y cuando cese en ese cargo percibirá también la pensión del 80 % por cesantía como Ministro y así indefinidamente.

 

Concentración de trabajadores en el Hospital de Arriondas.

Arriondas, Ramón DÍAZ   LA NUEVA ESPAÑA 02/12/2009
La gerencia del Hospital del Oriente utiliza el «chantaje» y la «coacción» para presionar a los trabajadores, afirmó ayer el comité de empresa del Grande Covián. Los sindicalistas arremetieron de nuevo contra el equipo directivo del centro, al que acusaron de haber presionado a una empleada expedientada por un supuesto menosprecio a una superior para que se autoinculpara. La jornada se completó con una concentración, en la que varias decenas de trabajadores (un centenar, según el comité de empresa) clamaron a favor de «la libertad sindical» y en contra de la «represión laboral».

El comité de empresa anunció nuevas movilizaciones: un encierro de tres días a partir del próximo miércoles y concentraciones todas las semanas. Además, el comité se reunirá el viernes con los dirigentes de las principales centrales sindicales, a los que pedirán que actúen como mediadores en el conflicto sobre la integración del centro en la red sanitaria pública. Finalmente, anuncian paros parciales para el próximo mes de enero si el consejero, José Ramón Quirós, no atiende su petición de entrevista.

El comité de empresa cuestionó la sanción impuesta a una sindicalista que, supuestamente, menospreció a una superior. La conversación fue «privada y telefónica», por lo que «asumir como cierta una versión y, sin más, emplearla para sancionar a la otra parte» es, «como poco, manipulador e interesado», según el comité de empresa. Los sindicalistas negaron que el equipo directivo hubiera ofrecido retirar la sanción, y aseguraron que fueron las dos implicadas las que convinieron que «no tenía sentido alguno seguir con el expediente sancionador». Según el comité, la gerencia no permitió que la supervisora supuestamente menospreciada retirara la queja, y pretendió que la sancionada «se autoinculpara por escrito para retirar la sanción», cuando ésta ya había explicado que se la acusaba por motivos «que no se ajustaban a la realidad».

La versión de la gerente, María Dolores Menéndez, es distinta. Asegura que hubo un intento fallido de acuerdo para dejar el suceso sin sanción, a cambio de que la trabajadora se disculpara por escrito. La negativa de la empleada provocó que el expediente contradictorio siguiera adelante y, finalmente, que se le impusiera una sanción de 31 días de suspensión de empleo y sueldo.

El comité de empresa y la gerente discrepan también sobre un asunto de organización interna: que los supervisores de enfermería actúen como jefes de la guardia, sin siquiera estar presentes en el centro. El comité asegura que esta situación no ocurre en ningún otro hospital de Asturias. La gerente defiende este sistema, que, según indicó, ya funcionaba antes de su llegada.

 

 

Los representantes sindicales del Hospital Central de Asturias, ayer, ante la sede de la Presidencia del Principado.

El ahorro sanitario también escuece

Los sindicatos denuncian que, debido a las restricciones, algunos trabajadores del Hospital Central «pasan por 4 servicios en un día»

Oviedo, Pablo ÁLVAREZ

«Desde el 1 de octubre no se hace ninguna sustitución». La aseveración de Francisco Menéndez, del sindicato Usipa-Sicepa, ilustra la otra cara de la política de recorte de gastos que desde hace unos meses está aplicando el Servicio de Salud del Principado (Sespa).

Y es que si el aumento de la factura sanitaria escuece a las autoridades políticas, el ahorro escuece a los profesionales y -según los sindicatos- también a los usuarios. Los representantes de los trabajadores del Hospital Central de Asturias se concentraron ayer ante la sede de la Presidencia del Principado con el fin de expresar su denuncia de lo que califican como un «caos» causado por la «drástica» restricción de los contratos de sustitución.

«No pedimos ni menos jornada ni más dinero», enfatiza Francisco Menéndez, presidente de la junta de personal del área sanitaria de Oviedo, órgano que agrupa a los sindicatos del complejo sanitario ovetense. «Lo más sangrante es la escasez de personal en unas plantillas que ya de por sí están ajustadas», precisa Menéndez, quien subraya que, ante la carencia de efectivos que sufre el centro sanitario, se impone el parcheo improvisado. «Hay profesionales que pasan por cuatro servicios distintos en una sola mañana», indica el máximo responsable de la junta de personal.

Las centrales ya habían puesto sobre la mesa estas críticas hace dos semanas. Como réplica, el consejero de Salud, Ramón Quirós, solicitó la colaboración de todo el personal sanitario para «superar el difícil momento económico» que atraviesa el sector y señaló que «el desafío está en mantener lo que tenemos». El Consejero descartó entonces la posibilidad de realizar contrataciones para cubrir bajas y jubilaciones y apostilló: «Se está haciendo un esfuerzo muy grande para preservar lo que tenemos», reconoció.

A los sindicatos se les ha transmitido la idea de que «no se van a hacer contrataciones hasta el 1 de diciembre», fecha a partir de la cual la Administración regional «empezará a gastar con cargo a los presupuestos de 2010», señala el presidente de la junta de personal. Entre tanto, añade, «hay gente que dobla turno porque a las tres de la tarde se dan cuenta de que no tienen personal para cubrir la tarde».

Francisco Menéndez se pregunta retóricamente «cómo termina la jornada un trabajadores después de 14 horas». El representante de Usipa-Sicepa no conoce en detalle la situación del resto de los hospitales públicos de la región, pero afirma que «tenemos constancia de que Cabueñes y San Agustín también están bajo mínimos».

 

ARTICULO DE ARTURO PEREZ REVERTE.      INTERESANTISIMO.

"Paso a menudo por la carrera de San Jerónimo, caminando por la acera opuesta a las Cortes y a veces coincido con la salida de los diputados del Congreso. Hay coches oficiales con sus conductores y escoltas, periodistas dando los últimos canutazos junto a la verja y un tropel de individuos de ambos sexos, encorbatados ellos y peripuestas ellas, saliendo del recinto con los aires que pueden ustedes imaginar. No identifico a casi ninguno y apenas veo los telediarios; pero al pájaro se le conoce por la cagada.

Van pavoneándose graves, importantes, seguros de su papel en los destinos de España, camino del coche o del restaurante donde seguirán trazando líneas maestras de la política nacional y periférica. No pocos salen arrogantes y sobrados como estrellas de la tele, con trajes a medida, zapatos caros y maneras afectadas de nuevos ricos. Oportunistas advenedizos que cada mañana se miran al espejo para comprobar que están despiertos y celebrar su buena suerte. Diputados, nada menos. Sin tener, algunos, el bachillerato. Ni haber trabajado en su vida.. Desconociendo lo que es madrugar para fichar a las nueve de la mañana, o buscar curro fuera de la protección del partido político al que se afiliaron sabiamente desde jovencitos. Sin miedo a la cola del paro. Sin escrúpulos y sin vergüenza. Y en cada ocasión, cuando me cruzo con ese desfile insultante, con ese espectáculo de prepotencia absurda, experimento un intenso desagrado; un malestar íntimo, hecho de indignación y desprecio. No es un acto reflexivo, como digo. Sólo visceral. Desprovisto de razón. Un estallido de cólera interior. Las ganas de acercarme a cualquiera de ellos y ciscarme en su puta madre.

Sé que esto es excesivo. Que siempre hay justos en Sodoma. Gente honrada. Políticos decentes cuya existencia es necesaria. No digo que no. Pero hablo hoy de sentimientos, no de razones. De impulsos. Yo no elijo cómo me siento. Cómo me salta el automático. Algo debe de ocurrir, sin embargo, cuando a un ciudadano de 57 años y en uso correcto de sus facultades mentales, con la vida resuelta, cultura adecuada, inteligencia media y conocimiento amplio y razonable del mundo, se le sube la pólvora al campanario mientras asiste al desfile de los diputados españoles saliendo de las Cortes. Cuando la náusea y la cólera son tan intensas. Eso me preocupa, por supuesto. Sigo caminando carrera de San Jerónimo abajo, y me pregunto qué está pasando. Hasta qué punto los años, la vida que llevé en otro tiempo, los libros que he leído, el panorama actual, me hacen ver las cosas de modo tan siniestro. Tan agresivo y pesimista. Por qué creo ver sólo gentuza cuando los miro, pese a saber que entre ellos hay gente perfectamente honorable. Por qué, de admirar y respetar a quienes ocuparon esos mismos escaños hace veinte o treinta años, he pasado a despreciar de este modo a sus mediocres reyezuelos sucesores. Por qué unas cuantas docenas de analfabetos irresponsables y pagados de sí mismos, sin distinción de partido ni ideología, pueden amargarme en un instante, de este modo, la tarde, el día, el país y la vida.

Quizá porque los conozco, concluyo. No uno por uno, claro, sino a la tropa. La casta general. Los he visto durante años, aquí y afuera. Estuve en los bosques de cruces de madera, en los callejones sin salida a donde llevan sus irresponsabilidades, sus corruptelas, sus ambiciones. Su incultura atroz y su falta de escrúpulos. Conozco las consecuencias. Y sé cómo lo hacen ahora, adaptándose a su tiempo y su momento. Lo sabe cualquiera que se fije. Que lea y mire. Algún día, si tengo la cabeza lo bastante fría, les detallaré a ustedes cómo se lo montan. Cómo y
dónde comen y a costa de quién. Cómo se reparten las dietas, los privilegios y los coches oficiales. Cómo organizan entre ellos, en comisiones y visitas institucionales que a nadie importan una mierda, descarados e inútiles viajes turísticos que pagan los contribuyentes. Cómo se han trajinado -ahí no hay discrepancias ideológicas- el privilegio de cobrar la máxima pensión pública de jubilación tras sólo 7 años en el escaño, frente a los 35 de trabajo honrado que necesita un ciudadano común. Cómo quienes llegan a ministros tendrán, al jubilarse, sólidas pensiones compatibles con cualquier trabajo público o privado, pensiones vitalicias cuando lleguen a la edad de jubilación forzosa, e indemnizaciones mensuales del 100% de su salario al cesar en el cargo, cobradas completas y sin hacer cola en ventanillas, desde el primer día.

De cualquier modo, por hoy es suficiente. Y se acaba la página. Tenía ganas de echar la pota, eso es todo. De desahogarme dándole a la tecla, y es lo que he hecho. Otro día seré más coherente. Más razonable y objetivo. Quizás. Ahora, por lo menos, mientras camino por la carrera de San Jerónimo, algunos sabrán lo que tengo en la cabeza cuando me cruzo con ellos".

 

 

 

 

[Inicio] [Areas Sanitarias] [Bolsa de Trabajo] [ Documentación] [Tecnicos] [Recortes de Prensa] [ Albun de fotos] [No a la Privatización] [Ofertas para Afiliados] [Enlaces]

 

Copyright (c) 2009-2010 . Todos los Derechos Reservados.
sicepaasturias@gmail.com

 WebMaster: Julian Hoyos Sierra